La crisis, ese gran monstruo negro que todo lo debora, se ha topado de bruces con el gran opio del pueblo: el fútbol
Está claro que las atmósferas premundialeras son bastante sicotizantes: La pega de las agencias de publicidad por elaborar del modo mas efectivo eso que algún sociólogo lúcido llamó "Las formas ocúltas de la propaganda", vender avisos publicitario a granel, crear formas de identificación emocional en el psiquismo de la masa popular adícta al fútbol y a toda su parafernalia.
El fútbol es un juego hermoso, pero se estropea cuando priman las mafias económicas sobre los deportistas y sus entrenadores, los cuales, por pecado de inercia, cooperan indirectamente con esas mafias del marketing.
La historia de la estupidez humana es una trilogía sociológica repleta de mártires y asesinos. Cuando Uruguay vence en el Maracaná a Brasil en el Mundial del 50, decenas de brasileños se suicidaron al final del partido arrojándose desde la altura al duro cemento mortal. Los hijos de Carlos Caszelli fueron apedrados al entrar a clases por que al Chino se le fue un penal contra Austria.
Una persona transida en estado de alienación competitiva, bañada en la peste de la plaga emocional, que es capaz de escupir en el rostro de otra persona solo porque es de otro equipo o nación, está subsumida en las nieblas peligrosísimas de la sicopatía.
El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta despiadadamente a la cultura con una gran alabanza de la violencia, con explosiónes llenas de adrenalina dentro de los modernos coliseos romanos. El desprecio de muchos intelectuales hacia el fútbol se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo se merece, pan y circo para la chusma hipnotizada por la pelota, que ejerce una perversa fascinación sobre los más desposeídos.
El club deportivo Argentinos Juniors nació llamandose "Mártires de Chicago", en homenaje a los obreros anaraquistas ahorcados un primero de mayo, el mismo día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. La difusión del fútbol en el mundo puede entenderse como el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos ya oprimidos por el capital. 1986 es el año en que Argentina obtiene el campeonato del mundo en México, gracias a los goles de Maradona, que hicieron recuperar el estropeado nacionalismo Argentino. En este sentido, el Estado se juega su hegemonía en cada mundial de fútbol, aprovechando para exacerbar el fervor nacionalista.
Cuando el amor a la patria se distorciona en un irritable chovinismo, confundiendo el normal, necesario, sano y hermoso apego emocional a la tierra donde uno creció, con el delirio esquizoide de que hay un solo país hermoso y digno, odiando todo lo que se mueva y que no sea la flameante bandera del país de uno, es cuando el fútbol se convierte es el instrumento de control de las masas por parte del Estado y los grupos hegemónicos de interes macroeconómico, mediante los medios de comunicación oligopólicos de este país.
Nuestro sacrificio es consciente, es el pago por la libertad que estamos construyendo...
viernes, 4 de junio de 2010
Psicosis Mundialera
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