lunes, 7 de junio de 2010

Vigilancia Total

Desde hace años, un bien orquestado bombardeo mediático quiere inducirnos a elegir entre garantismo y seguridad. Los proyectos de vigilancia total que van transformando a la sociedad estadounidense, especialmente a partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, llevan esa inducción a escala mundial. El culto de las libertades que definió a esa sociedad va siendo sustituido por la priorización de una noción de la seguridad nacional tal como la entiende la actual administración republicana en su estrategia imperial; una lógica que no duda en sacrificar las garantías personales de sus propios ciudadanos.

En el pasado, ningún gobierno había tenido el poder de mantener a sus ciudadanos bajo una vigilancia constante. Ahora la Policía del Pensamiento vigilaba constantemente a todo el mundo. George Orwell, 1984.

Quienes este verano piensen pasar sus vacaciones en Estados Unidos han de saber que, en virtud de un acuerdo entre la Comisión europea y las autoridades federales, la compañía aérea en la que viajen entregará a las aduanas de Estados Unidos, sin su consentimiento, algunas informaciones personales. Aun antes de que entren en el avión, las autoridades de Estados Unidos van a conocer su nombre, apellido, edad, dirección, números de pasaporte y tarjeta de crédito, estado de salud, preferencias alimentarias (que pueden indicar su religión), viajes anteriores, nombre y edad de quienes los acompañaron, organizaciones que financiaron sus desplazamientos, etc.

Todas estas informaciones serán entregadas a un dispositivo de filtro denominado CAPPS (Computer Assisted Passenger Pre-Screening, o Sistema de Control Preventivo Asistido por Computadora) para detectar a eventuales sospechosos. Al controlar la identidad de cada viajero y cruzarla con datos de los servicios de información policiales, del Departamento de Estado, del Ministerio de Justicia y los bancos, CAPPS evaluará el grado de peligrosidad del pasajero y le atribuirá un código color: verde para los inofensivos, amarillo para los casos dudosos y rojo para aquellos a quienes se les debe impedir el acceso al avión y deben ser capturados.

Los servicios de inmigración y el Departamento de Estado van a trabajar juntos para identificar a los individuos a quienes hay que vigilar a partir o antes de su ingreso a Estados Unidos -advirtió el ministro de Justicia John Ashcroft-. Vamos a evaluar a cada visitante para determinar el riesgo de su eventual participación en una actividad terrorista. Si el visitante es musulmán u originario de Medio Oriente, automáticamente le será atribuido el código amarillo de sospechoso. El Programa de Seguridad Fronteriza autoriza a los agentes aduaneros a fotografiarlo y relevar sus huellas digitales.

Los latinoamericanos también están en la mira. Se descubrió que 65 millones de mexicanos, 31 millones de colombianos y 18 millones de centroamericanos estaban fichados en Estados Unidos sin saberlo y sin el consentimiento de sus gobiernos. En cada ficha figura la fecha y lugar de nacimiento, el sexo, la identidad de los padres, una descripción física, la situación matrimonial, el número de pasaporte y la profesión declarada. A menudo esos archivos registran otras informaciones confidenciales, como direcciones personales, números de teléfono, de cuenta bancaria y de matrícula de los vehículos, así como las huellas digitales. Poco a poco, todos los latinaomericanos van a estar fichados en Washington.

"El objetivo es instaurar un mundo más seguro; hay que estar informado del riesgo que representan las personas que ingresan al país", afirmó James Lee, un responsable de ChoicePoint, la empresa que compra estos ficheros para revenderlos a la administarción de Estados Unidos. Porque la ley estadounidense prohibe almacenar informaciones personales. Pero no encargarle a una sociedad privada que lo haga para el gobierno.

Instalada cerca de Atlanta, ChoicePoint no es una empresa desconocida. En ocasión del escrutinio presidencial del 2000, en Florida, el Estado había contratado a su filial Database Technologies (DBT) para reorganizar sus listas electorales. El resultado fue que miles de personas fueron privadas de su derecho a votar. Lo cual modificó el resultado del escrutinio, en el que Bush se impuso por una diferencia de sólo 537 votos. Recordemos que esta victoria le permitió acceder a la presidencia.

Aun cuando los atentados del 11 de septiembre de 2001 acentuaron la xenofobia, los extranjeros no son los únicos en ser objeto de un incremento de la vigilancia. Los ciudadanos de Estados Unidos no escapan a la actual paranoia. Nuevos controles autorizados por la Patriot Act interfieren en la vida privada, el secreto de la correspondencia y la libertad de información. Ya no se exige una autorización para la escucha telefónica. Los investigadores pueden acceder a las informaciones personales de los ciudadanos sin orden de pesquisa. Así, el FBI actualmente exige a las bibliotecas que le proporcionen las listas de libros y sitios de internet que consultan sus abonados para trazar un "perfil intelectual"; de cada lector.

Pero el más delirante de todos los proyectos de espionaje ilegal es el que elabora el Pentágono bajo el nombre de código Total Information Awareness (TIA), un sistema de vigilancia total de las informaciones, confiado al general John Poindexter, condenado en los años 1980 por haber instigado el asunto Irán-Contras.

El proyecto consiste en reunir un promedio de 40 páginas de informaciones sobre cada uno de los 6.200 millones de habitantes del planeta y en confiar su procesamiento a una supercomputadora. Al centralizar, cruzar y procesar todos los datos personales disponibles (pagos por tarjeta, suscripciones a los medios, movimientos bancarios, llamados telefónicos, consultas de sitios en la red, correos electrónicos, ficheros policiales, legajos de empresas de seguros, informes médicos y de seguridad social), el Pentágono se propone lograr que cada individuo pueda ser rastreado en su totalidad.

Como en el film de Steven Spielberg Sentencia previa, las autoridades de Estados Unidos creen poder prevenir así los crímenes antes de que sean cometidos. "Habrá menos vida privada pero más seguridad", calcula John L. Petersen, presidente del Arlington Institute. "Vamos a poder anticipar el futuro gracias a la interconexión de todas las informaciones que les conciernan. Mañana vamos a saber todo sobre ustes". Gran Hermano ya está superado.

Por Ignacio Ramonet, Director de Le Monde diplomatique, Francia.

http://www.lemondediplomatique.cl/Vigilancia-total.html

Le doi las gracias a mi amigo Fabian Cardenas Ibañez por facilitarme esta información.

viernes, 4 de junio de 2010

Psicosis Mundialera

"¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales", Eduardo Galeano.

La crisis, ese gran monstruo negro que todo lo debora, se ha topado de bruces con el gran opio del pueblo: el fútbol

Está claro que las atmósferas premundialeras son bastante sicotizantes: La pega de las agencias de publicidad por elaborar del modo mas efectivo eso que algún sociólogo lúcido llamó "Las formas ocúltas de la propaganda", vender avisos publicitario a granel, crear formas de identificación emocional en el psiquismo de la masa popular adícta al fútbol y a toda su parafernalia.

El fútbol es un juego hermoso, pero se estropea cuando priman las mafias económicas sobre los deportistas y sus entrenadores, los cuales, por pecado de inercia, cooperan indirectamente con esas mafias del marketing.

La historia de la estupidez humana es una trilogía sociológica repleta de mártires y asesinos. Cuando Uruguay vence en el Maracaná a Brasil en el Mundial del 50, decenas de brasileños se suicidaron al final del partido arrojándose desde la altura al duro cemento mortal. Los hijos de Carlos Caszelli fueron apedrados al entrar a clases por que al Chino se le fue un penal contra Austria.

Una persona transida en estado de alienación competitiva, bañada en la peste de la plaga emocional, que es capaz de escupir en el rostro de otra persona solo porque es de otro equipo o nación, está subsumida en las nieblas peligrosísimas de la sicopatía.

El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta despiadadamente a la cultura con una gran alabanza de la violencia, con explosiónes llenas de adrenalina dentro de los modernos coliseos romanos. El desprecio de muchos intelectuales hacia el fútbol se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo se merece, pan y circo para la chusma hipnotizada por la pelota, que ejerce una perversa fascinación sobre los más desposeídos.

El club deportivo
Argentinos Juniors nació llamandose "Mártires de Chicago", en homenaje a los obreros anaraquistas ahorcados un primero de mayo, el mismo día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. La difusión del fútbol en el mundo puede entenderse como el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos ya oprimidos por el capital. 1986 es el año en que Argentina obtiene el campeonato del mundo en México, gracias a los goles de Maradona, que hicieron recuperar el estropeado nacionalismo Argentino. En este sentido, el Estado se juega su hegemonía en cada mundial de fútbol, aprovechando para exacerbar el fervor nacionalista.

Cuando el amor a la patria se distorciona en un irritable chovinismo, confundiendo el normal, necesario, sano y hermoso apego emocional a la tierra donde uno creció, con el delirio esquizoide de que hay un solo país hermoso y digno, odiando todo lo que se mueva y que no sea la flameante bandera del país de uno, es cuando el fútbol se convierte es el instrumento de control de las masas por parte del Estado y los grupos hegemónicos de interes macroeconómico, mediante los medios de comunicación oligopólicos de este país.

El régimen militar según la izquierda chilena

El 11 de septiembre de 1973, el gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende es derrocado por un golpe de Estado, dirigido por una Junta Militar del Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y los Carabineros de Chile.

El general del Ejército Augusto Pinochet asume el poder. La represión y la persecución militar contra los partidarios del régimen anterior, de los partidos de la izquierda y el movimiento popular comienza de inmediato.

Los primeros enfrentamientos armados entre Fuerzas Armadas y partidarios del gobierno de la Unidad Popular se producen en diversos puntos del país, en especial en los grandes centros urbanos.

En Santiago, el Palacio Presidencial, en el cual se encuentran en ese momento el Presidente, Ministros y colaboradores fue rodeado y atacado por tropas del Ejército y unidades de tanques. Las Fuerzas Armadas exigen la rendición incondicional del gobierno del Presidente Allende y al no conseguir dichos objetivos La Moneda es bombardeada por aviones de la Fuerza Aérea (FACH).

Después del bombardeo y de la muerte del Presidente son detenidos los sobrevivientes. Algunos serán ejecutados ahí mismo, otros pasarán a engrosar las listas de "detenidos no reconocidos" los que, con el correr del tiempo, serán conocidos como los "detenidos-desaparecidos".

Pasados algunos días, con el control político y militar absoluto de la situación, sin resistencia masiva u organizada se desencadenará una represión y persecución en contra del movimiento popular sin parangón en la historia de Chile. De inmediato, las nuevas autoridades toman medidas represivas para consolidar el golpe de Estado y legitimarse en el poder. Entre las más importantes, se pueden indicar las siguientes:

Represivas

  • Aniquilamiento de focos de resistencia popular armada en cordones industriales, poblaciones, campamentos, universidades, sectores rurales.

  • Represión en el interior de las Fuerzas Armadas y Carabineros, en contra de tropas y oficiales que se negaron a obedecer a los mandos golpistas.

  • Búsqueda, detención y/o muerte de funcionarios del gobierno de la Unidad Popular, de las direcciones políticas y militantes de los partidos de izquierda, de representantes de la Central Unica de Trabajadores (CUT), de responsables de medios de comunicación progresistas, de exiliados políticos latinoamericanos residentes, de extranjeros supuestamente sospechosos.

  • Negación de salvoconductos para salir del país.

  • Clausura de medios de comunicación no afines.

  • Control militar sobre universidades y otros centros de enseñanza.

  • Estado de Sitio y toque de queda nocturno permanente.

  • Campos de concentración de detenidos políticos en diversos puntos del país, el Estadio Nacional de Santiago, entre ellos.

  • Coordinación de los servicios de inteligencia de las FF.AA. y las policías.

Políticas

  • Disolución del Parlamento.

  • Disolución de los partidos políticos de izquierda y receso de todos los demás.

  • Promulgación de Decretos-Ley contra el sistema legal y constitucional vigente, con la complicidad de la Corte Suprema de Justicia y la Contraloría de la República.

  • Disolución de todas las organizaciones populares a nivel municipal, provincial y nacional.

  • Control de toda actividad nacional en los niveles administrativo, educacional, poblacional.

Económicas

  • Anulación del derecho de huelga.

  • Realización de despidos colectivos.

  • Congelación y disminución real de sueldos y remuneraciones, en el marco de una inflación galopante.

  • Reconsideración de la propiedad jurídica de las empresas del área social, devolución a antiguos propietarios.

  • Imposición de disciplina militar en el trabajo.

  • Liberación de precios de todos los productos de consumo de acuerdo con la economía de libre mercado.

  • Acuerdo con los Estados Unidos para el financiamiento de la deuda externa.

  • Indemnización de las empresas extranjeras afectadas por las nacionalizaciones del gobierno de la Unidad Popular

El mismo día de la instauración del régimen militar se estableció un fuerte dispositivo represivo que significó la negación de los derechos civiles y políticos. Después de la clausura del Congreso Nacional, se decretó el Estado de Sitio, Estado de guerra interno, prohibición del derecho de reunión y organización. Las nuevas autoridades desconocieron la legitimidad de las instituciones democráticas y la sociedad fue conducida con lógica militar. Con la justificación del "enemigo interno" se cometen actos propios de las experiencias fascistas europeas: campos de detenidos, muertes, ley de fuga, torturas, allanamientos a domicilios y poblaciones, ejecuciones extrajudiciales, desaparecidos.

Se aplica y profundiza la persecución con el pretexto de un supuesto plan de la izquierda para tomar el poder total. En efecto, para justificar su acción represiva, la Junta Militar, apelará a un supuesto "Plan Zeta", "un autogolpe marxista" que tenía por objetivo asesinar a militares chilenos. Al respecto, Orlando Letelier, ex-Ministro de Relaciones Exteriores, Ministro de Defensa Nacional al momento del golpe militar, asesinado posteriormente en un atentado terrorista en Washington por la DINA, en 1976, expresaba lo siguiente:

"Para justificar o intentar legitimar la masacre y la traición, se inventó primero el plan zeta. Según declaraciones oficiales de la Junta, consistía en el asesinato masivo de oficiales de las Fuerzas Armadas el día que en Santiago se esperaba llevar a cabo la Revista Militar preparatoria de 1973, que antecede a la llamada Parada Militar, que se efectúa en Chile el 19 de septiembre. (...) Nunca, no obstante, las campañas publicitarias que la Junta hacía a través de todos los medios de información que controla, y a pesar de los numerosos interrogatorios a que fui sometido, nunca se atrevieron a preguntarme si yo sabía algo siquiera del plan zeta. (...) Sin embargo, con el argumento del plan zeta y de la propaganda desplegada contra la opinión pública se pretendió, en los primeros meses siguientes al golpe, legitimar y justificar el asalto al poder y la muerte de miles de chilenos.

El régimen militar Chileno fue denominado por muchos historiadores como un "militarismo catastrófico", por la brutal represión hacia la sociedad civil y a la absoluta inexperiencia política de los militares chilenos, que contrastaba con el Peronismo Argentino y el Varguismo Brasileño, denominado por los historiadores con el nombre de "Regimenes Pretorianos", debido al fortalecimiento de las instituciones del Estado y de la sociedad civil.

La cacería fue implacable y escalonada, la persecución de los partidos de izquierda durante la dictadura fue meticulosamente llevada a cabo por la DINA (dirección de inteligencia nacional), que estaba fuertemente relacionada con la CIA norteamericana, y posteriormente por la CNI (central nacional de informaciones). El ejercito chileno históricamente habia estado asociado con organismos del ejercito norteamericano, lo cual también explica la facilidad con que las ideas de Milton Friedman intervinieron en la construcción del nuevo esquema social, político y económico del régimen militar.

Sin embargo, el remedio fue peor que la enfermedad. Mientras en Chile el olor del miedo se respiraba en las esquinas, en el edificio Diego Portales se diseñaba la nueva institucionalidad chilena. Pinochet y sus generales asignaban los ministerios y se asesoraban de preparados y jóvenes civiles para reconstruir la dañada economía heredada de la UP. Los Chicago Boys asumieron la tarea, no sin contar con el apoyo de la escuela donde se formaron: la de economía en la Universidad Católica. De la misma casa de estudios y de la mano de Jaime Guzmán también surgieron los gremialistas, que contaron siempre con un ferviente apoyo del gobierno. Extraña situación si consideramos que el gremialismo rechaza –en sus fundamentos- la politización de cualquier entidad gremial.

Los gremialistas, ligados ideológicamente al régimen, se constituyeron rápidamente en el think thank del gobierno militar. Muchos de los cerebros que condujeron la vida política nacional provenían de ahí. Fue tanta la importancia del gremialismo en la dictadura que su fundador, Jaime Guzmán, fue uno de los principales redactores de la constitución que forjaría los cimientos del Chile democrático post Pinochet.

Extraido del libro "La historia oculta del régimen militar" de Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Oscar Sepúlveda. Y del articulo "La memoria y el olvido" escrito por Elias Padilla Ballesteros, publicado en el sitio de internet
http://www.nuncamas.org/investig/lamemolv/memolv04.htm

El régimen militar según la derecha chilena

“Chile batió el récord mundial de inflación en 1972, siendo 143%”. (Fondo Monetario Internacional, Informe anual 1972).

“Durante 1972 Chile ocupó el penúltimo lugar en cuanto al crecimiento económico entre todos los países latinoamericanos”. (CEPAL, Informe Anual 1972).

“Antofagasta. Centenares de mujeres han hecho cola en la tienda “La Reina”, la que ha debido ser protegida por un furgón y un piquete de carabineros para mantener el orden. Pese a ello, las mujeres se han trenzado a carterazos y golpes, al margen de gritos y empujones para lograr la compra de cotelón para pantalones, a razón de 40 escudos el metro, y tocuyo en cortes de 5 metros”. (El Mercurio, 7 de Mayo de 1972).

Asentemos, en primer lugar, que la inmensa, abrumadora mayoría de los miristas, socialistas y terroristas de todo tipo que se jactan hoy de haber combatido “contra la dictadura” – y piden, de paso, pensiones y reconocimiento por ello – simplemente jamás lo hicieron. En primer lugar, porque iniciaron su actuación criminal hacia 1968, unos cinco años antes del golpe de 1973 que puso a las FF.AA. en control del país. No había dictadura militar que combatir entonces (1968 – 1973), y su actuación se limitó al banderolismo simple, en procura de fondos y titulares de prensa. Hubo, eso sí, énfasis en daño, lesiones y muerte de trabajadores inocentes o simples ciudadanos. Desprecio absoluto por la vida de quienes o no compartían sus designios de violencia, o casualmente se interpretaban durante la ejecución de sus asaltos.

En segundo lugar, porque sus acciones armadas durante el gobierno militar de 1973 – 89 se aplicaron de preferencia contra civiles desarmados – usualmente empleados de la banca y otras empresas con dinero efectivo que sustraer – y consistieron casi siempre en violentos, a menudo sangrientos asaltos en procura de bienes, dinero y primeras planas.

En cuanto a los uniformados abatidos por el terrorismo después de septiembre de 1973, estos fueron, en alto porcentaje, carabineros salientes de servicio, asesinados de un tiro en la espalda mientras esperaban locomoción colectiva en el paradero más cercano a su cuartel. O custodios de monumentos (como la “llama eterna” en el Cerro Santa Lucía), liquidados también por la espalda y sin opción de defensa alguna. Unos pocos fueron asesinatos selectivos de autoridades, mediante golpes de manos sorpresivos, de los cuales los casos del Coronel Roger Vergara y el General Carol Urzúa son los más representativos. Se cometieron estos atentados, como se recordará, actuando sobre seguro, a mansalva, sin arriesgar ni remotamente un enfrentamiento armado. Acribillar a la víctima y desaparecer, era el método. Eficiente, por cierto.

Sólo enfrentaron a las fuerzas militares – tales terroristas asesinos – en los pocos, contados casos extremos en que fueron rastreados y cercados. Y aún así, para el sólo efecto de escabullirse y desparecer, cuando pudieron hacerlo.

Asesinato cobarde y terrorismo, entonces, si los hubo y a destajo. “Expropiación” de dineros de la banca y empresas con caja disponible, también. Con víctimas civiles inocentes y en medida abundante. “Daño colateral”, creo que le llaman.

Pero “combate heroico” a la dictadura en el sentido que hoy se da al término, para nada.

Aclarado lo anterior, se entenderá que la ciudadanía – y en particular los empleados bancarios – manifestaran un marcado rechazo a la actuación de esos desalmados, y que – partidarios o no de la intervención militar del 73 – vieran con beneplácito todas las medidas encaminadas a suprimirlos.

Así como entre los movilizados del 78’ en la emergencia bélica que provocó Argentina existió, para efectos de apechugar con la guerra y sus consecuencias, absoluta transversabilidad entre detractores y partidarios del gobierno militar – lo que viví personalmente – también entre los empleados bancarios de esos años, representantes de una enorme masa ciudadana de distinto pensamiento político, el rechazo al terrorismo brutal y la muerte de trabajadores inocentes fue ampliamente mayoritario. Casi universal.

Encontramos hoy en Internet el relato romántico de tales desmanes, en que se oculta cuidadosamente el trasfondo criminal que golpeaba a la ciudadanía. Se acuña allí el concepto de “lucha heroica” a que nos hemos referido. Pero no se habla una palabra de los cientos de trabajadores inocentes que fueron violentados, amedrentados, heridos y hasta asesinados en el proceso llevando luto y dolor a sus familias. Como lo habían sido durante el período 1970 – 73 por la izquierda violentista y su aliado natural, el lumpen, sueltos ambos en las calles y en los campos de Chile.

Y resulta que a los trabajadores de la banca, y de otras empresas que custodiaban fondos en sus oficinas, mal podía importarles la justificación ideológica de una lucha que amenazaba directamente sus vidas y su integridad, dejando desprotegidas a sus familias. Y sin posibilidad alguna de autodefensa.

Allá los miristas con sus ideales. Que se enfrentaran a los militares parecía hasta lógico, en su vesánica filosofía de violencia. Pero que, a la pasada, no trepidaran en herir y asesinar a trabajadores sin arte ni parte en el asunto – que a veces compartían las doctrinas de la Unidad Popular – era cosa muy distinta.

Para entender cabalmente la situación de violencia mirista que se vivió en esos años – o meramente recordarla para quienes fueron sus actores – parece conveniente relatar en detalle los sucesos culminados el 5 de octubre de 1974 con la muerte de Miguel Enríquez.

Hablo de los acontecimientos reales, la verdadera historia. No de la historieta posterior que pretende lavar la imagen sangrienta de los matones del MIR.

He aquí los hechos:

1974

Luego de un prolongado fin de semana “con puente” que favoreció unas Fiestas Patrias celebradas bajo toque de queda, la semana laboral bancaria se inició sin novedades el día lunes 24 de septiembre de 1974.

Una considerable cantidad de dinero recogido por el comercio durante esas fiestas empezó a fluir hacia las distintas sucursales de los bancos en todo el país. En 24 horas, las bóvedas de estos empezaron a rebosar de billetes, a la espera de ser recogidos por los camiones que los trasladarían a sus oficinas centrales, o los distribuirían en aquellas sucursales que los necesitaran. Si una va a pensar como asaltante, ciertamente ese era un buen momento para un golpe de mano, con la casi certeza de obtener un botín redituable.

Un día a mediados de semana, en la pequeña sucursal “ Huelen “ del Banco de Chile – hoy, desparecida – ubicada en el subterráneo de la galería y cine de igual nombre, en Santiago Centro, ocho empleados se ocupaban, poco antes de las 9 horas, de preparar los elementos para lo que se esperaba sería otra larga y pesada jornada.

El actor principal a la indicada hora era, desde luego, el cajero- tesorero de la Sucursal. Su día se iniciaba con la labor de proveer fondos a los otros cajeros para el inicio de las labores, y luego, además de actuar el mismo como cajero recibidor y pagador de sumas mayores durante el horario de atención, debería controlar todo el movimiento en efectivo del día laboral y cuadrar en global las partidas contables relacionadas. En su poder estaban, como está establecido, las llaves de la bóveda de la oficina.

La diminuta sucursal Huelen no contaba entonces con un guardia de seguridad. En realidad, no había tales guardias en ninguna sucursal del Banco de Chile en 1974. Ni en toda la banca, porque la legislación vigente no las exigía. Sólo en la Oficina Central prestaban tal tipo de servicios tres detectives jubilados – vistiendo de civil - y un cuarto cumplía igual función en Valparaíso. Era toda la protección de seguridad con que contaba el Banco de Chile en el contexto nacional. Tampoco había en la sucursal Huelen, ese día arma de fugo alguna. Un revólver de 6 tiros de. 38” de calibre y cañón corto – según la autorización de Superbancos – debió registrarse en su inventario. Pero, como en la mayoría de las sucursales pequeñas, no había tal arma. Ni menos alguien que fuera perito en su manejo y capaz de utilizarla en una emergencia. La dotación de ocho empleados, entonces, apenas suficiente para la operación de una pequeña oficina de servicios, no orientada especialmente a los grandes negocios, activaba a esa hora los preparativos de un día laboral a minutos de iniciarse.

De súbito, cuatro individuos portando armas pequeñas de puño, y a rostro descubierto, irrumpieron en las oficinas intimidando al personal y gritando órdenes que pusieron a todo el mundo manos arriba. Y casi enseguida, tumbados en el piso.

Los asaltantes exigieron de inmediato, entre órdenes vociferadas y puntapiés a los empleados tendidos en el suelo, la entrega de las llaves de la bóveda.

El citado cajero – tesorero de nombre Renato Robinson del Canto – se encontraba al interior de su caja preparando los voucher de traspasos internos de fondos y su libro de caja. Todavía no iniciaba la entrega de valores a los otros cajeros. Reaccionó instintivamente a los sucesos cerrando- como si de algo sirviera – la puerta de su caja y arrojando con disimulo las citadas llaves al piso, a como un rincón oscuro del pequeño recinto y fuera de la vista.

Un hombre muy especial, Renato Robinson. Alto y robusto, en sus medianos treinta, padre de familia, deportista y especialmente apreciado por sus pares en razón de su carácter grato y afable. De disciplinada y larga militancia sindical, contaba no sólo con la confianza de la empresa en sus labores de cajero – tesorero, sino también con el respeto bien ganado de la organización sindical de los trabajadores del Banco de Chile. Practicaba ese empleado bancario un deporte peculiar: la halterofilia.

Por ello, una fuerte contextura de hombros, brazos y piernas poderosas desarrolladas en esa práctica, unida a su aventajada estatura, originaba en su círculo inmediato bromas y comentarios jocosos acerca de una fuerza hercúlea.

Los asaltantes identificaron rápidamente al custodio de las llaves de la bóveda – en la que se guardaba en esos momentos una reserva considerable – y requirieron bruscamente a Robinson salir de su caja y abrir el recinto abovedado. Como éste se mantuviera en su lugar, hosco y en silencio, uno de los bandidos trepó al mesón de atención de público, y desde allí alcanzó la parte superior descubierta de la caja pagadora N°1. Procedió entonces a golpear repetidamente al cajero – tesorero en la cabeza con el caño y empuñadura de su revólver que portaba, produciéndole distintos cortes en el cuero cabelludo que empezaron a sangrar de inmediato. Lo amenazó seguidamente con disparar contra él su arma, si no salía de su refugio en tres segundos. Sin opciones, casi ciego por la sangre y el dolor, el amenazado abrió la puerta y abandonó la caja. Hilos de sangre corrían por su rostro y la parte superior de su camisa ya mostraba extensas manchas de sangre.

Fue al punto empujado contra un muro, inmovilizado mientras se registraba sus ropas, y luego emplazado claramente, entre feroces insultos intimidatorios, a entregar las llaves de inmediato o morir ahí mismo.

El líder del grupo asaltante, un hombre en sus 30, alto y delgado, de tez blanca, cabello castaño claro y bigote – según la descripción posterior – procedió en ese momento directamente con esa intimidación, mediante nuevos gritos e improperios. Manifiestamente irritado por el silencio del interrogado, propinó acto seguido – con viril valentía – varios golpes de puño en el rostro de su víctima, en tanto le sujetaba de la pechera de su camisa. Grave error.

Un impulso atávico, o quizás la desesperada reacción del torturado que intuye su próximo fin, gatilló una orden en el cerebro de Renato Robinson, y este, empujando a su atacante para darse espacio, lanzó un derechazo – con todo su alma y el poder de sus hombros acostumbrados a mover 100 kilos de pesas de hierro – que impactó en pleno rostro de su acosador. Este salió proyectado con violencia hacia atrás y se estrelló contra un escritorio a 4 o 5 metros de distancia, semiaturdido. Dos de sus cómplices acudieron de inmediato en su ayuda para ponerlo de pie. Medio farfulló entonces una orden que todos en el recinto percibieron distintamente: “Bájalo”. El tercer acompañante, nivelando su arma – un revólver – disparó a corta distancia – quizás dos, o dos y medio metros – seis tiros calibre. 38 contra el cajero inerme quien, también semiaturdido por la golpiza anterior, se mantenía en pie junto a la pared.

Los testigos presentes que declararon más tarde ante la policía – vale decir, el resto del personal de la sucursal Huelén – no atinaban a explicarse cómo fue que, a esa corta distancia, el terrorista errara su primer tiro. Por enseguida los otros cinco gruesos proyectiles impactaron al cajero en su vientre, en una zona que abarcó desde el ombligo al pubis. Pero el hombre, increíblemente, no cayó. Quizás si porque en ese momento se apoyaba en la pared contra la que había sido acosado.

Los asaltantes – siempre vociferando insultos – tomaron entonces a su maltratado jefe y llevándole casi en vilo, sangrando de la boca, abandonaron el recinto. Su botín consistió en un artefacto metálico de seguridad, portátil del tamaño de una caja de zapatos, conteniendo una magra suma en efectivo.

El jefe administrativo de la sucursal procedió en ese instante, mientras el resto de sus compañeros se apresuraban a socorrer al baleado, a cumplir las pobres instrucciones vigentes a esa fecha para eventuales contingencias: llamar de inmediato a una ambulancia, así como dar aviso a las autoridades del Banco y a la policía. Poco más habría podido hacer en esos momentos, en verdad.

Renato – y nunca he podido explicarme la razón de ello – fue trasladado por sus afligidos compañeros al baño del personal de la sucursal. Quizás porque había disponibilidad de agua allí, aunque tampoco ellos se explicaban más tarde la razón de ese traslado. Como fuere, el herido insistió en hacerlo por su propio pié, pero ya en el lugar, sus piernas aflojaron y cayó al piso. A poco, perdió la conciencia. Los cinco proyectiles de .38 de pulgada habían atravesado su cuerpo por debajo de la línea del diafragma, perforando numerosas asas intestinales y la vejiga, pero sin tocar – según se comprobó en el quirófano – vasos importantes que pudieran haber causado una hemorragia fulminante. Tampoco la columna vertebral. En esos momentos, el contenido de sus intestinos y vejiga se vertía inconteniblemente en las serosas de su cavidad abdominal, infectando los tejidos. Y los vasos cercenados por las balas empezaban un sangrado continuo.

Yo detentaba entonces el cargo de elección popular de Secretario Nacional de la Federación de Sindicatos del Banco de Chile, formada por 14 organizaciones de base a lo largo del país. Una serie de episodios anteriores - aunque si el cruento resultado del que recuerdo en estas líneas – había establecido un compromiso de la empresa para darme inmediato aviso a tales emergencias. Me correspondía actuar en tales casos, además de mi representación sindical, por mi cargo laboral en la recién creada Sección Bienestar.

Un llamado de gerencia me alertó, pues, de lo ocurrido, unos 20 minutos después de que Renato Robinson fuera baleado. Me trasladé sin demora al lugar, a pié – a la carrera en verdad – desde mi escritorio, ubicado apenas a cuadra y media de la Sucursal Huelén, y llegué allí en los momentos en que la ambulancia de la Posta Central (bendita sea) se alejaba a toda sirena con el herido en el interior. Luego de recabar un breve informe de los alterados empleados que habían presenciado los hechos, y con la policía ya en el lugar, paré en la esquina un taxi que me condujo en breves minutos al edificio de la Posta, en la calle San Francisco con Diagonal Paraguay.

Tuve suerte. Uno de los equipos de cirugía mayor de emergencia de ese centro ya intervenía al herido en el quirófano, y en él participaban varios médicos conocidos. Mi hermano, entre ellos. Recibí, en consecuencia, información inmediata y contingente de todo el proceso en marcha, los pasos a seguir y el limitado pronóstico que se podía establecer a esas alturas.

La cirugía, primera de muchos en el futuro, se prolongó por varias horas. Había que ubicar cada perforación de los intestinos - y eran docenas de ellas – y suturarlas, además de “clampear” y luego también suturar todas las arterias sangrantes y venas cercenadas. Además de practicar la inevitable colostomía que dejaría al herido, si sobrevivía, defecando durante meses por un ano artificial. Y estaban, también los graves daños a la vejiga.

Quienes recuerdan el caso del Papa Juan Pablo II, agredido en la Plaza San Pedro – en 1981 – con dos balas de 9 mm. Que atravesaron sus intestinos, podrán imaginar el efecto de cinco proyectiles de mayor calibre impactando en la cavidad abdominal de un ser humano.

Fue una fortuna que tales proyectiles no alcanzaran el torso del cajero, por encima del diafragma. Habrían producido con mucha probabilidad daños en las viseras allí ubicadas (hígado, pulmones, bazo, páncreas, estómago y corazón) y destrozado los vasos que las irrigan, desde luego. Y probablemente, como en el caso posterior de Jaime Guzmán E., en 1991, el estallido de alguna de éstas por efecto de la velocidad del proyectil, multiplicada por su masa, al producirse el impacto. Nada de eso había ocurrido, sin embargo, por mediación del ángel de la guarda de Renato Robinson. En eso pensaba en esas horas negras su esposa, una mujer de gran temple, y seguramente aún lo cree así.

Pero las lesiones eran de tal consideración, que se temió repetidamente por la vida de nuestro compañero en los meses siguientes, y tardaría después varios años en alcanzar una recuperación apenas suficiente para reasumir sus labores.

En esas iníciales horas tensas y angustiantes, mientras me ocupaba – comisionado especialmente por la Administración del Banco de Chile para ello – de atender y asesorar a la angustiada familia de la víctima, una rabia inmensa iba creciendo en mi alma. El mismo furor impotente que hacía rechinar los dientes de miles de trabajadores de la banca – no solo de aquellos del Banco de Chile – que seguían las noticias con ansiedad.

Veíamos el resultados de un acto demencial, inútil, que ponía a un padre de familia al borde de la muerte, o quizás la invalidez, para satisfacer el afán de aventuras de unos cuantos bomberos locos de llamados a “salvar la Patria”. Pero salvarla disparando sobre trabajadores inocentes, desarmados y previamente intimidados. Así es más fácil, desde luego, y vaya qué combatientes tan valerosos los muchachos del MIR.

Un detalle, informado por los testigos a ambas policías y al Ejército, entibiaba sin embargo mi corazón. Renato, con su violento derechazo, había provocado lesiones visibles en el rostro del jefe de los asesinos. Varios empleados de la sucursal asaltada concordaban en ello llevados casi a hombros por sus cómplices, su boca lucía rota, seguramente con un labio partido, y sangraba en consonancia. La policía, pues – y también el aparataje militar anti terrorismo, según sabría luego – buscaba en cada rincón de Santiago a un sospechoso con descripción clara y una herida notoria en su boca por golpe de puño. Ya era algo.

Recibí en esos días, en ausencia del Presidente de la Federación de Sindicatos del Banco de Chile, la solidaridad y el apoyo expresado por escrito a todas las organizaciones sindicales bancarias del país, agrupada en la llamada Federación Bancaria. El propio Director de esa Federación se hizo presente en la Posta Central, y luego en la Clínica Santa María, así como en mis oficinas sindicales, proponiendo movilizaciones de los trabajadores y actos públicos de repudio al atentado criminal. Ilusiones, desde luego. Regían las limitaciones del toque de queda vigente, y sólo recibíamos la negativa expresa de la autoridad militar.

Transcurrieron a continuación días de tensa espera, en que la vida de mi cuasi – ejecutado compañero pendía de un hilo, y la indignación de los trabajadores de la banca crecía y se iba haciendo cada vez más densa y más oscura.

Y entonces, el sábado 5 de octubre, al cumplirse diez u once días de los sangrientos sucesos, la buena noticia nos llegó a través de la prensa y la TV, inicialmente. Y el siguiente lunes, mediante confirmación directa de la Intendencia de Santiago: el autor del cobarde crimen, acorralado en una casa de la calle Santa Fe de la Comuna de San Miguel, al sur de Santiago, había presentado resistencia, pereciendo luego en la refriega. Se trataba del líder mirista Miguel Enríquez. Sus cómplices huían y estaban siendo cercados.

Vaya explosión de júbilo entre los trabajadores del Banco de Chile y toda la banca nacional. Saltábamos y nos abrazábamos como locos en nuestros puestos de trabajo. El asesino cobarde y ventajoso muerto a tiros. Formidable.

El suceso se presenta por el Mir en Internet, hoy, como un motivo de dolor y pesadumbre para el pueblo chileno, pero la verdad es muy distinta. Al menos los trabajadores bancarios y nuestras familias, más el mundo civil inmediato que nos rodeaba, estamos, simplemente, ebrios de alegría.

Debimos postergar, sin embargo, toda celebración formal de tan grata nueva durante más de una semana. Hasta que finalmente, el día sábado 20 de octubre de 1974, unos 350 dirigentes sindicales y delegados del personal de todos los bancos comerciales de Santiago y localidades cercanas, más algunos invitados de la Administración, nos reunimos para ese efecto en el Estadio del Banco de Chile (Vitacura). La convocatoria era clara, y procedimos allí a cenar y libar – de “toque a toque” como existía la coyuntura – animada y extensamente en celebración del exterminio uno de los “perros asesinos de empleados bancarios desarmados”. Recuerdo muy bien el concepto porque lo repetimos muchas veces a lo largo de esa noche.

Lo entendíamos entonces, y lo entiendo así hasta hoy, como el exterminio sanitario de una plaga peligrosa, letal para la gente decente y de trabajo. E inerme.

Como broche de oro, pudimos comentar allí – por infidencia especial hecha desde el gobierno a nuestra gerencia, bajo reserva – que efectivamente los restos del fallecido en calles Santa Fe presentaban la evidencia de un serio golpe en su boca, en proceso de cicatrización.

Así pues, dedujimos, el extremista abatido – nada menos que el mentado Enríquez Espinoza – se había marchado desde este mundo con la huella de un magistral “ combo en el hocico” propinado por uno de los nuestros al momento de ser torturado. Detalle genial para los que allí celebrábamos, consistente y muy adecuado a nuestro creciente odio hacia los asesinos terroristas.

El nombre de Miguel Krassnoff Martchenko no nos era conocido entonces, ni salió para nada a la luz en esas fechas. La carta que, en mi condición de Presidente subrogante de nuestra Federación de Sindicatos envié al Intendente de Santiago, agradeciendo el feliz resultado del procedimiento militar – policial que eliminó al líder agresor de nuestro compañero de labores, no mencionaba a ese oficial de Ejército.

Me enteré en su existencia y participación en el procedimiento y choque en la calle Santa Fe muchos años más tarde, y hoy le expreso aquí – como hubiera querido hacerlo entonces – mi reconocimiento por su valor y decidida actuación el día 5 de octubre de 1974. Salvó – no tengo duda de ello –vidas de empleados bancarios, o quizás de otras empresas, que habrían sido muertos en sus puestos de trabajo por la mano demente y criminal del MIR.

Tengo en claro que rememorar tales acotados acontecimientos de ese movido 1974 deja trunca, para efectos de ilustrar a las nuevas generaciones, una visión más general y objetiva del Chile post 11 de septiembre. Por “objetiva” pretendo señalar que no todo era entonces blanco o negro. Había muchísimos grises en la gama, e iniquidades terribles se cometían por ambos bandos.

Lo honesto es, pues, configurar un cuadro que recuerde las travesuras de todos los involucrados, y no sólo la visión sesgada que provee el Informe Rettig, o la historia parcial que ilustra el Museo de la Memoria. Tampoco las versiones depuradas que entregó entonces el Gobierno Militar.

Si los lectores de este blog lo permiten, reflotaré para ellos, en próximos posteos, algunos hechos especialmente notables que vivimos los chilenos de a pie, los comunes y corrientes ciudadanos, en aquellos agitados tiempos.

Extraido de un comentario del columnista Raúl Olmedo en el sitio www.despiertachile.cl

jueves, 3 de junio de 2010

La muerte del dictador

Una tarde de domingo en el que el sol golpeaba fuerte sobre Santiago, murió Pinochet. Justo un 10 de diciembre, en el que por esas absurdas paradojas con que suele golpearnos el destino, dejó de existir mientras se conmemoraba en el mundo el Día Internacional de los Derechos Humanos.

Sus dos semanas internado en el Hospital Militar, ante el cuidado exclusivo de médicos que informaban sobre la gravedad de un dictador que podía resistir múltiples infartos, hacían creer que se trataba de uno de los tantos trucos apelados por su defensa para eludirlo una vez más de la inoperante Justicia Chilena. Sorpresa además porque a una generación entera de chilenos les hizo creer que era inmortal, sobre todo cuando se venía a la memoria la tétrica imagen de él y su Junta de Gobierno tras el Golpe, donde Pinochet posaba sentado, con los brazos cruzados, anteojos oscuros y gestos falsos.

Y se fue. Sin pedir nunca perdón, no sólo por las siempre frías cifras que le tendrían que haber atormentado, las que indicaban que fue el responsable de 3.200 muertos, 1.200 detenidos desaparecidos, 28.000 torturados y 300.000 exiliados; sino también por haber dejado en penumbras un país por largos 17 años. Se venía una semana convulsa.

Honores militares nunca vistos; pinochetistas por doquier saliendo de un avergonzado ostracismo; el discurso de su nieto, activo militar del Ejército, enarbolando banderas anti marxistas en pleno velatorio; el simbólico y valiente escupitajo al cristal de su ataúd de otro nieto, el de Carlos Prat, ante la atónita mirada de muchos; la ira gratuita de energúmenos con la prensa; la celebración en la Plaza Italia y en muchos lugares del mundo, y el análisis masivo, confirmaban, entre otras cosas, que su figura estaba de lejos de ser olvidada.

El recuerdo volvió intempestivamente, evocándonos el traicionero y violento mazazo que le dio a la historia un hombre opaco que nunca pensó en tener el poder que tuvo. “Esa hiena que mandó a fusilar gente desde el mismo sillón donde eyectaron a Allende”, como describe Alan Pauls en su novela “Historia del Llanto” a ese ser llamado Augusto José Ramón.

Pero lo importante era que ya no estaba. Que se había convertido en cenizas por temor a represalias más que por convicción. Que se había ido para siempre dejando millones de dolores y a su familia una cantidad similar, pero de dólares del Estado en sus bolsillos.
Se había ido quien creyó ser hasta sus últimos minutos un elegido divino que amenazaba desafiante desde un pedestal manchado con sangre “mirarlos a todos desde arriba porque Dios me puso ahí”, y que tenía por objetivo asesinar marxistas porque éstos seguían “matando a Dios”, como dijo en ocasiones.

Se fue con su mentiroso delirio. El mismo inmortalizado en el “no me acuerdo, pero no es cierto. Y si es cierto, no me acuerdo”, cuando respondió si él como Presidente tenía responsabilidad por las muertes perpetradas por su DINA. Paradojas nuevamente: se convirtió en un impostor de locura una persona que sin duda nunca debió de estar en sus cabales.

¿Y qué nos dejó?

A Chile, una extraña mezcla de dolor y agradecimiento presente siempre en un país aún fracturado – como lo demostró bien su muerte – y la llegada de un exitoso pacto político que trajo una transición con rasgos de españolidad y un crecimiento nunca visto pero que mantuvo la desigualdad heredada del modelo económico neoliberal. Su sueño de convertir a Chile desde un país de proletarios a un país de propietarios se ha cumplido, mientras las nuevas generaciones son despolitizadas al máximo ante la mirada perpleja de los jóvenes de antaño, de aquellos que tubieron la ilusión y la esperanza de hacer un país más justo. Las generaciones actuales son de un cálculo terrorífico, de un utilitarismo salvaje... resignados muchos a seguír los modelos de exitismo imperantes en la sociedad que nos heredó la dictadura, pensando que todo tiempo pasado fue peor, he aquí el gran legado de la dictadura militar. El daño transgeneracional se hirá diseminando poco a poco a través de los años, anesteciado por el consumismo generalizado y la farándula idiotizadora de los jóvenes apáticos.

Desgraciadamente, como bien dijo Marco Antonio, su hijo menor, en una entrevista, no lo podremos borrar de la historia “por los cambios que realizó”. Eso es indudable. Porque Pinochet trastocó con su belicosidad la vida de muchos. Sin embargo, el juicio de la historia ya comienza a condenarlo, demostrado en que casi la unanimidad mundial lo ve como el cruento dictador que fue. Además, su círculo alega irrisoriamente la persecución política tan característica de su gobierno. Esos son consuelos. Otro podría ser que tal como dijo Benedetti tras enterarse de su muerte, que Pinochet “no era eterno e invencible, como te lo hizo creer el imperio” y que se marchó “hacia el olvido, hacia las profundidades del infierno”, ante la mirada avergonzada traducida en indiferencia electoralista de muchos de quienes lo ayudaron o apoyaron.

Ahora ya Pinochet es ceniza, como espero que lo sean algún día las convicciones de sus partidarios quienes siguen defendiendo lo indefendible, amparándose todavía en ridículos afanes libertarios anti comunistas y en un agradecimiento obsecuente que podía trazar lo más intransable, como es la libertad. Espero que esas protegidas cenizas no hagan surgir nunca el infundado e injusto odio xenofóbico que poseía el cremado hacia quienes no vieran el mundo como él. La misma injusticia que, tal como se preguntaba en su título el periódico argentino Página 12, tras su muerte, habrá tenido el infierno para merecer esto.

Las verdades de Cuba

"Los economistas tienen un modo singular de proceder. Para ellos no hay más de dos clases de instituciones, las artificiales y las naturales. Las instituciones del Feudalismo son instituciones artificiales; las de la burguesía, naturales. En esto se parecen a los teólogos, que establecen dos clases de religiones. Toda religión que no sea la suya propia es un invento de los hombres, mientras que la suya propia es una emanacion de Dios." Karl Marx.

La verdad es que antes de la revolución cubana, el 20% de la población recibía el 58% de los ingresos, en cambio el 20% más pobre percibía solo el 2%. El 75% de las tierras estaban en manos de un 8% de propietarios. El 24% de la población activa estaba desempleada. Solo el 12% de la fuerza laboral era femenina. Alrededor del 60 % de los trabajadores asalariados y por cuenta propia tenían un ingreso inferior al salario mínimo vigente. Había una ausencia total de la asistencia social.

El 50% de los niños entre 6 y 14 años no asistían a la escuela. Los mayores de 15 años tenían un promedio de 3 grados escolares. El nivel de analfabetismo en el campo era del 47% y en general, era del 23%. La enteritis, la diarrea y la tuberculosis, estaban entre las 10 principales causas de muerte. La descomposición social era evidente: drogas, corrupción y prostitución, entre otros vicios. Cuba era el burdel de las Antillas.

Pero la verdad es que esas son cifras del pasado. Actualmente existe un 1.7% de analfabetismo. Por cada 15 alumnos hay un maestro, una de las tasas mundiales más altas. Para el 2000, había un médico por cada 168 habitantes. La tasa de mortalidad infantil es del 5.3% por cada mil nacidos vivos, una de las más bajas del mundo. El sistema nacional del médico de la familia cubre al 99.1% de la población cubana. La
expectativa de vida es de 76.5 años. El Índice de desempleo se estima en 3.3%. Cuba tiene el puesto 51 del Índice de Desarrollo Humano (PNUD).

Verdaderamente, la juventud cubana no tiene donde perderse. Cuba posee aproximadamente 7 mil bibliotecas públicas, 17 escuelas de artes plásticas y una práctica masiva del deporte. La Feria del Libro se ha extendido a todo el país y recibe más de 3 millones de visitantes locales. Existen 211 centros de investigación. Por cada mil habitantes hay 1.8 científicos e ingenieros en áreas de investigación. Aún así, en Cuba había un porcentaje mínimo de jóvenes que no estudiaban ni trabajaban, por lo que fue creado un programa especial de superación. No hay espacio para formar o involucrarse en pandillas delincuenciales.

En verdad, las mujeres en Cuba representan el 65% de los graduados universitarios, el 67% el personal docente, el 56.7 % de los médicos del país; más del 55% de los fiscales y el 49% de los jueces profesionales y alrededor de un tercio de la fuerza laboral
industrial. Representan el 43.32 % de los 614 diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular (2007/2012), el 38 % del total de ocupados en la economía. De los 199 centros de investigación científica 48 son dirigidos por mujeres. Miles de mujeres integran la colaboración médica que llevan a cabo en África, Centroamérica y el Caribe.

La verdad es que la vulnerabilidad de Cuba frente a los desastres naturales es mínima, debido a una constante modernización y participación masiva del sistema de la defensa civil que incluye no solo medidas estructurales y un sistema de vigilancia y alarma con
información oportuna que llega a toda la población, sino que incluye la preservación del medio ambiente. Para el 2001 la superficie cubierta por bosques se elevó al 21.9%. Según el PNUD, la experiencia de Cuba en el área del manejo de riesgos ha dado lugar a iniciativas de cooperación regional entre los países que enfrentan retos y desafíos similares, por lo que Cuba trasmite lecciones aprendidas y buenas experiencias en el marco de la cooperación Sur-Sur.

Es verdad que la situación económica de Cuba no es fácil, como no lo es, en ningún país subdesarrollado. No solo por el bloqueo impuesto desde el inicio de la Revolución, sino por las consecuencias del denominado periodo especial de los años noventa, más recientemente por los tres huracanes del 2008 que devastaron el área productiva y por último la crisis mundial que ha afectado a todo el planeta.

La verdad es que el pueblo cubano, como todos los seres humanos, con semejante nivel de educación y cultura, aspira a más y mejores cosas y, que a pesar de todo lo hecho, en Cuba hace falta más por hacer, como en todos los países. Por ejemplo, aunque entre 1981 y 2000 se construyeron 650 mil viviendas nuevas, no es suficiente para llegar a toda la población con implicaciones adicionales de abastecimiento de agua potable y saneamiento.

Verdaderamente el problema en Cuba es que se piensa en toda la población y eso es sumamente complicado. El transporte público, el suministro de energía o la distribución eficiente de los alimentos para 14 millones de personas, son asuntos que en cualquier país del mundo requieren esfuerzos extraordinarios. Solo en Cuba se puede
declarar que la agricultura constituye un asunto de seguridad nacional. A pesar de todo esto, muy pocos países tienen la calidad de vida que poseen los cubanos y en su mayoría -incluso los más desarrollados- enfrentan los mismos problemas.

El Presidente Raúl Castro, en su comparecencia ante la Asamblea Nacional del Poder Popular en diciembre del 2009, informó que muchas de estas dificultades tienen que ver con "desorganización y la resistencia pasiva de los cuadros intermedios a cambiar la mentalidad". Pocas veces un presidente habla con la verdad y reconoce públicamente las dificultades internas.

La verdad es que aquellos que obstinadamente reclaman en Cuba lo que en otros países ocultan, silencian y minimizan, son los que tiran la piedra, sabiendo que no están libres de pecado o peor aún, sabiendo que están repletos de ellos. Criticar para edificar vale. Difamar para desacreditar no vale.

La mentira en la cima

No acepten lo habitual como cosa natural, pues en tiempo de desorden sangriento, de confusión organizada y arbitrariedad consciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar " Bertolt Brecht.

Desde los propios gobiernos de muchos países del mundo la mentira se ha entronizado en el poder . Se realizan guerras basadas en la mentira como la realizada en Irak. Asesinan a trabajadores, periodistas y defensores de derechos humanos en Honduras, México y Colombia y tratan de ocultar a sus pueblos lo que esta sucediendo en el ámbito social. A través de la mentira fuerzas pertenecientes al estado colombiano asesinan a jóvenes civiles inocentes y los hacen pasar por guerrilleros para cobrar recompensas y ascender en su carrera militar.

Los grandes medios al servicio de las multinacionales y de la proscripción de la verdad, guardan silencio cómplice frente a todos los desmanes que realizan los estados violando constituciones, el derecho internacional humanitario y principios éticos que deberían regir todos los días el quehacer de todo aquel que de verdad se considera periodista y que de verdad protege a todos los ciudadanos por encima de intereses de toda índole. La verdad esta huyendo de los medios de información y habrá que ir a buscarla para reivindicar su existencia.

Cuanta mentira y cuanta infamia acumulada han vertido los medios al servicio de los intereses mas excluyentes contra Cuba, un país que ha hecho de la solidaridad un apostolado, un pueblo y gobierno que han combatido un bloqueo genocida desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, que no ha renunciado jamás a la dignidad y a la verdad. Los mismos que tapan la matazon en Irak, Afganistán y Palestina , son los mismos que apoyan el golpe de Estado en Honduras y la creación de un Estado maniatado a la mafia narcoparamilitar en Colombia, son los mismos que lloran lagrimas de cocodrilo por el suicidio de un delincuente en Cuba a pesar de todos los esfuerzos del gobierno cubano por evitar su muerte. ¿ Y los miles y miles de muertos civiles de otros países no valen nada ?.¿Que pasa con la señora objetividad ?.

¿ Los mas de dos mil asesinados encontrados en una fosa común en Colombia no tiene mayor importancia como tampoco los mas de 2000 jóvenes asesinados y victimas del terrorismo de Estado que el gobierno llama con mala intencion " falsos positivos " ? Todos los muertos valen. Pero para los grandes medios pareciera que un Zapata que murió por su propia voluntad ya que no se alimentaba vale mas que todos los miles que querían vivir y que fueron masacrados.

Estamos siendo testigos de una enfermiza campaña anticubana por parte de aquellos que desconocen los valores humanos. De aquellos que cabalgan tanto con la mentira que sin ella no podrían dar ni un paso.

El 30 de Abril de este año, el miembro activo de la CIA, Carlos Alberto Montaner, terrorista prófugo de la justicia cubana ( hay que recordar que los delitos por terrorismo no prescriben)
recibe el premio Juan de Mariana en Madrid por su trayectoria ejemplar_ " crease o no "_en defensa de la libertad.

En su intervención se eleva a dimensiones desconocidas y relata el hecho de que en 1980 poco después de salir de Cuba " el estupendo escritor Reinaldo Arenas al llegar al exilio exclamo que al fin era libre " .

En su corta intervención Montaner se pone a lanzarle loas a la libertad, tantas veces que de tanto usarla se debe sentir violada. Hablaba como si todos los que no piensan como el o ponen bombas en tiendas de Cuba como el , fueran enemigos de la libertad.

En su alocución pisando los umbrales del desvarío, menciona una frase de Marti que se vuelve contra el cuando dice: " Libertad es el derecho que todo hombre tiene de ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía ".

Montaner critica al pueblo cubano al decirles que gritan consignas que no sienten y aplauden lideres que aborrecen. No son honrados, señala, como previendo la masiva respuesta que el pueblo cubano dio a la campaña anticubana por las calles de Cuba en manifestaciones de jubilo y alegría, de confirmación revolucionaria y socialista el 1 de Mayo.

Esas manifestaciones junto al respaldo internacional que organizaciones solidarias de todo el mundo hicieron llegar al pueblo y al gobierno de Cuba son una demostración clara de que Cuba hoy esta mas acompañada que nunca.

Montaner habla de la importancia del ego individual en medio de la marea humana, que no es otra cosa a mi entender que el culto al individualismo unido al consumismo desenfrenado y a la insolidaridad. Termino diciendo que dedicaba esa distinción a Zapata como un intento personal para reforzar una campaña internacional que fortalece lo que Montaner mas quiere,sus intereses personales.

Montaner forma parte de todo un ejercito de desinformación en el mundo, a quien la CIA le instalo Firmas Press en España y que llega a 54 medios en el orden internacional. Entre Miami y Madrid anda este oscuro personaje del terrorismo que promueve Estados Unidos, que a su vez , se considera el paladin en la lucha contra el terrorismo. Mientras por las calles de Miami andan terroristas convertidos en personajes como Posada Carriles, Bosh y Montaner, 5 jovenes antiterroristas cubanos estan detenidos en carceles norteamericanas. ¡ Que caraduras estos amigos de la doble moral !

Doblemos la pagina de Montaner.

Quiero destacar una pequeña nota en el lugar mas apartado y escondido de El Heraldo.

Dice textualmente, sin agregarle ni quitarle nada lo que a continuación señalo:

" Revela Encuesta: Estadounidenses quieren restablecer relaciones con Cuba.

La mayoría de los estadounidenses desean que Washington restablezca sus relaciones diplomáticas con Cuba y permita que las empresas de este país realicen operación la isla, señalo ayer una encuesta. El sondeo realizado por el grupo de investigación Insider Advantage para Cuba Business Bureau indico que el apoyo al restablecimiento de los vínculos con la Habana es del 58% "

Ojala las cosas buenas de Cuba sean mas conocidas por nuestros pueblos. Gracias al ejemplo de Cuba , a su fortaleza ideológica y de principios, a la unidad de su pueblo, a las luces de sus dirigentes, es que el imperio norteamericano que cuenta con una ocupación indebida dentro del territorio cubano como es la Base de Guantánamo no ha podido doblegar a la Revolución Cubana . Señores de los medios: si quieren conocer un lugar donde se violan los derechos humanos en territorio cubano pidan a los norteamericanos que los dejen visitar Guantánamo.