La verdad es que en la patria de José Martí se respetan todos los derechos humanos: los de primera generación (civiles y políticos), los de segunda (sociales y económicos) y los de tercera (ecología).
Un dato sobre el primer tópico: en abril habrá elecciones municipales en Cuba y casi el 80 por ciento de la población ha participado de las reuniones de base, de donde han surgido democráticamente los candidatos a las asambleas municipales. Habrá de dos a ocho candidatos para todos los puestos, y quien gane debe contar al menos con el 50 por ciento de los sufragios, depositados en urnas custodiadas por niños pioneros.
En esas campañas austeras no hay gastos millonarios ni fraudes, no votan los muertos y si el electo no cumple su mandato es revocado. No ocurre como en EE UU y tantos otros países donde hay mayoría de millonarios en el Congreso y éstos erigen una plutocracia o gobierno de los ricos.
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En salud y educación, Cuba marcha a la cabeza del mundo. Pese a sufrir los duros efectos del bloqueo estadounidense, no registra desnutrición infantil; su tasa de mortalidad infantil es de 4,6 por cada mil nacidos vivos, inferior a la de su mal vecino. Con ayuda de especialistas cubanos, Venezuela y Bolivia han podido erradicar el analfabetismo, y a esa meta se acercan Ecuador y Nicaragua.
Respecto al medio ambiente, Cuba está a la vanguardia de políticas específicas y su cumplimiento, desde que en 1992 Fidel Castro plantó esas banderas en
¿Entonces por qué lo atacan tanto? En el fondo, porque protagonizó una revolución social, que devino en socialista, la única victoriosa en el hemisferio occidental y contra la cual se han estrellado más de 50 años de bloqueo y agresión. Al imperio no le gusta el sistema cubano y le reprocha que hay un solo partido, el comunista. Pero en EE UU hay sólo dos que se alternan en el poder, republicano y demócrata, que son sólo uno, al menos en las grandes cuestiones. En noviembre de 2007 en Argentina había 716 partidos políticos reconocidos. ¿Acaso eso indicaba que la democracia local era superior a la caribeña?
Los Quisling
Históricamente se conoce como “quintacolumnistas” a los nacionales de un país que se coluden con una potencia extranjera para la derrota y ocupación de aquél. Uno de los mayores ejemplos lo proporcionó el militar noruego Vidkun Quisling, que operó a favor de la ocupación alemana de Noruega, en
Salvando las distancias, ese rol de entregador de su propia nación es el que cumplen los mercenarios cubanos, que complotan en
El rol de esos mal llamados “disidentes” está expuesto en numerosos procesos judiciales y documentación del gobierno cubano, de cuyos servicios de inteligencia no se puede decir que no sean eficientes. El libro “Los disidentes” de los periodistas y escritores Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez desnudó con datos, fotos y documentación la labor de los mercenarios detenidos en marzo de 2003.
En esa fecha, coincidente con la invasión a Irak, cabezas calenturientas de la administración Bush pensaban invadir Cuba. Y el gobierno afectado tomó medidas efectivas contra los “Quisling” y le importó un rábano la protesta mundial del imperio, aún cuando había tenido impacto en viejos amigos de la revolución. José Saramago declaró: “hasta aquí llego, Cuba seguirá su camino, yo me quedo”.
Ex profeso, hoy la campaña mediática antisocialista quiere confundir dos términos que no aluden a la misma categoría: disidente y quintacolumnista. Alguien puede disentir con aspectos de la sociedad cubana y entre los 11 millones de cubanos hay muchas críticas a determinadas políticas. Pero otra cosa muy diferente es pactar con los enviados del Departamento de Estado en cuándo y cómo atacar al gobierno de Castro, y cobrar por esa actividad tan poco patriótica.
Los disidentes son respetados al punto que en la isla no hay ningún preso por pensar distinto al presidente. Sí están en gayola los que han cometido delitos comunes, como era el caso de Zapata, o han sido pescados con las manos en la masa de los dólares, celulares y equipos de radios provistos por
Esa autodefensa no sólo la ejercita Cuba; todos los países lo hacen. El Código Penal de EEUU, dentro del Capítulo 115 titulado “Traición, Sedición y Subversión”, en
¿Por qué se juzga de modo tan opuesto lo que dictaminan coincidentemente las leyes norteamericana y cubana en cuanto al mismo delito? La razón es sencilla: los que traicionan en la isla obedecen al imperio.
Emilio Marín
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